Tristes campos

Qué tristes están los campos
cuando la gente se va,
por esos malos mandantes
que no saben gobernar.

Roban todo lo que pueden
para enriquecerse más,
con los impuestos que ahogan
a toda la humanidad.

Nada en el campo es rentable
porque tragan más y más,
esos malvados mandantes
que viven como -marajás-.

Qué tristes están los campos
desde que ellos ya no están,
como suben los impuestos
los culpables de todo mal.

Sin engaño

Yo no escribo mis poemas
sin ánimos de ofender,
yo no soy instrumento
de lo que dicta mi fé.

Si yo pensara una cosa
y me expresara al revés,
sería engañarme a mí mismo
haciéndome un falso juez.

Dios me libre del engaño
que engendra la mala fé,
y nos rebota en la cara
para hacernos padecer.

Defender la ley

Al que defiende la ley
si es que lo hace de verdad,
con estos versos que escribo
yo le quisiera aclarar,
que la ley es muy sencilla
cuando se quiere aplicar,
como el agua con el fuego
cuando se quiere apagar.

Es la ley de la materia
la que enseña la verdad,
si se imitara a ella
siempre reinaría la paz.

Defender la verdad

Mis inquietudes amigos
por defender la verdad,
me hacen sufrir el tormento
de aquel principio del mal.

Con un lápiz en la mano
el mal lo pienso atacar,
y si caigo en la contienda
más contento debo estar.

Ya que mi cuerpo es materia,
igual que vino se irá,
no me importa que sea pronto
si proclamo la verdad.

Hombre sabio

Hombre sabio e inteligente
que agradeces la osadía,
de quien te advierte tus faltas
en prosa o en poesía,
igual que aquel que elogia
tu virtud por simpatía.
Los excesos de alabanza
cebos son de cacería,
ocultándose las trampas
que perturban la alegría,
que perturban el amor
cuando la mente es baldía.