Vida ciega
Vida ciega e imprevisible
con temores de cobarde,
que mueres como las flores
cuando declina la tarde.
Cuando las leyes del cielo
se han cansado de aguantarte,
se han cansado de que corran
sudores, penas y sangre.
Vida ciega e imprevisible
con temores de cobarde,
que mueres como las flores
cuando declina la tarde.
Cuando las leyes del cielo
se han cansado de aguantarte,
se han cansado de que corran
sudores, penas y sangre.
Malditos sean los hombres
que los impuestos imponen
porque ellos tienen la culpa
de que el mundo entero llore,
de que el mundo entero sufra
guerras, muertes y temores.
Porque te quitan el pan
que ganaste con sudores,
y a eso le llaman justicia
un puñado de cabrones,
elaborando sus leyes
en despachos y sillones.
El débil se muere de hambre
y ellos se llaman señores,
esos malditos canallas
asesinos y ladrones,
que van sembrando cizaña
en el campo de las flores.
No hay terrorismo mayor
que quien provoca pobreza,
con los impuestos que ahogan
al que genera riqueza,
gente de poca cultura
pero de mucha nobleza.
Con el sudor de sus frentes
inclinando sus cabezas,
dando gracias a su Dios
y a su gran naturaleza,
para que el genio maligno
no le robe sus riquezas.
Madre amante y cariñosa
y de noble corazón,
tienes perfume de rosas
tú eres manantial de amor,
donde germinan las cosas
por providencia del Señor.
Igual que una mariposa
y el despertar de una flor.
Eres madre tan hermosa
eres un rayo de sol,
tan tierna y apasionada
de este mundo -Lo mejor -.
Yo recuerdo mi niñez
y a aquellos que se afanaban,
cómo se han ido muriendo
en esta vida callada.
En esta vida de ensueño
en esta vida agitada,
tan solo queda el recuerdo
o alguna huella marcada.
Al transcurrir de los tiempos
todas quedarán borradas.
Lo mismo que la tormenta
que en el cielo se agitara,
como se pierde su rostro
del que atento la miraba.