por ad-mrob | Abr 6, 2020 | Creencias
Parte soy de toda parte
y a toda parte me debo.
Soy como el viento y el sol
entro y salgo donde quiero.
Nada se cierra a mi paso
ni en la tierra ni en el cielo.
Parte soy de toda parte
y a toda parte me entrego.
Así se gana la tierra
y así se gana el cielo.
por ad-mrob | Abr 6, 2020 | A la vida
La injusticia de este mundo
con su afán de prohibir,
de llevarle la contraria
al que le deja vivir.
Al sol, la tierra y el viento,
al hermoso firmamento,
que es el camino a seguir.
Todo es libre como el viento,
lo que todo lleva dentro
y privarlo es morir.
Prohibe amigo, prohibe
en todo tu alrededor.
Haz todo lo contrario
de lo que hace tu dios,
de lo que hace el viento,
de lo que hace el sol.
Y cuando estes perdido
entonces pie perdón
que tendrás tu merecido
porque justo es tu dios,
justo el aire que respiras
y justo es tu sol,
el que nunca se equivoca
y a todo le da su dón.
por ad-mrob | Dic 14, 2019 | A mi mujer
Si yo te doy mi agua
y tú no me das tu sed
no podrás beber mi agua
y tú morirás de sed.
Y yo moriré con mi agua
porque no me das tu sed,
porque rompes neciamente
la alianza de Yahvé,
porque rompes la cadena
la dulzura de entender
que la parte sin su todo
no podrá prevalecer.
Como el todo sin su parte
hasta que vuelva a él
no estará completo nunca
y tendrá que padecer.
por ad-mrob | Dic 14, 2019 | A la naturaleza
Yo tengo el libro más grande
que no cabe en las carteras,
que sus puntos son montañas
y sus comas son praderas,
el conjunto de sus mares
forman palabras enteras.
El sol es mi profesor
y él me enseña todo lo que quiera.
Él me señala el camino
que jamás tendrá fronteras,
el que nunca tendrá asfalto
ni nombre de carretera,
el camino que no quieren
los faltos de entedederas.
por ad-mrob | Dic 14, 2019 | Sobre la religión
Al Cristo de la columna
atado como un cordero,
en el pueblo de Fortuna
lo bendice el mundo entero.
Hombres sin corazón
vendidos por el dinero,
al Cristo de la columna
le cargaron un madero.
A fuerza de latigazos
varias veces cayó al suelo,
con la cara ensangrentada
y la mirada en el cielo.
Unos hombres desalmados
de corazón negro y fiero,
le iban cruzando la cara
con un látigo de acero.
Por un angosto camino
que en calvario convirtieron,
ese poder de los hombres
y ese poder del dinero.
Le están clavando los clavos
a Jesús el Nazareno,
y es la cadena que gira
por la muerte del Cordero.
Ya está clavado en la Cruz
con los ojos en el Cielo,
pidiéndole al Padre Eterno
que perdonara a su pueblo.
La tierra se estremeció
y se rasgaron los cielos,
por la culpa del poder
y de ese maldito dinero.
Sigue el mundo atormentado
y aquel Cristo del madero,
sigue atado a la columna
como si fuera un cordero.
Mira Jesús a estos hombres
que de aquellos renacieron,
lo que hicieron contigo,
igual con otros hicieron.
Porque el poder de los hombres
es verdugo de corderos,
que claman con sus lamentos
para que lleguen al cielo.
¡Ay, Cristo de la columna!
te pide perdón el pueblo,
y quiere que en su Fortuna
seas Tú lo primero.
¡Ay, Cristo de la columna!
perdona otra vez al pueblo,
y que su nombre de Fortuna
lo confirmes Tú en el cielo.