Vida venidera

Inútil preocupación
por la vida venidera,
si la que ves con tus ojos
la estás dejando que muera.

Sin hacer nada por ella
cuando todo se tolera.
Si doliendo, no te inmutas
¿Qué harás cuando no te duela?.

No esperes que venga un ángel
para que cave tu higuera,
y para que no te canses
también te pele las brevas.

El camino

Caminante soy camino
en la tierra y en el mar,
en el aire de los cielos
y en tu forma de actuar.

Yo no quiero en mi camino
prisas ni velocidad,
yo no quiero ser culpable
si no me sabes pisar,
y gozar de los paisajes
sin herirte al caminar.
«Todo el que ande deprisa
seguro tropezará.»

El molino

Mundo sabio e inteligente
tienes la fuerza mayor,
vas triturando la vida
en tu molino de amor.

Van transformando tus piedras
las semillas por la flor,
y la flor por las semillas
de tu molino de amor.

Yo no creo que en tu molino
exista marginación,
por las pinchas que tuvieron
las semillas de tu amor,
cuando estén entre tus piedras
ya sin espinas ni flor.

Todas cuando germinan
la ternura es su pasión,
la vida las endurece
echando espinas y flor,
por proteger sus semillas
de su enemigo mayor,
para llegar al molino
de las piedras del amor.
Donde no existe el peligro
no hace falta protección.

Asfalto, hierro y cemento

La ceguedad de los hombres
les va guiando al tormento,
construyéndose sus trampas
de asfalto, hierro y cemento.

Trampas de ingeniería
de los hombres del momento,
con menos sabiduría
que el arado y el jumento.

Nunca miran para atrás
es la forma de no verlo,
las ratoneras construidas
de asfalto, hierro y cemento,
donde el hombre está atrapado
por lo menos de momento,
hasta que miren hacia atrás
el arado y el jumento.

Y vean la gente que muere
por culpa de sus inventos,
que se convierten en trampas
de asfalto, hierro y cemento.

Sol de la mañana

Sol naciente en la mañana
que entras por mi ventanal,
y me calientas la cama
con cariño maternal,
como si yo fuera un niño
en brazos de mi mamá.

Al verte se abren las rosas
que yo cuido en mi rosal,
y vuelan los pajaritos
y te cantan sin cesar,
cuando te escondes de nuevo
ellos paran de cantar,
y se acurrucan callados
en las ramas del rosal.