A Murcia
Murcia, trocito de España,
que un día me viste nacer,
y los frutos de tu tierra
son los que me hacen crecer.
Pido que nadie la manche
porque es un lindo vergel,
es un regalo del Cielo
que Dios nos puso en los piés.
Murcia, trocito de España,
que un día me viste nacer,
y los frutos de tu tierra
son los que me hacen crecer.
Pido que nadie la manche
porque es un lindo vergel,
es un regalo del Cielo
que Dios nos puso en los piés.
Yo recuerdo mi niñez
como una historia pasada,
la vida de los labriegos
de pastores y majadas.
De aquellos corderos blancos
que sus madres amamantaban,
y corrían como niños
cuando de leche se hartaban.
Era precioso verlos
cómo todos retozaban;
era inocencia pura
era la gloria en manada.
Y aquellas coplas de antaño
que los pastores cantaban,
con su zurrón en la espalda
su gruesa «gaya'» colgada.
Y su botellón de agua
con plaita bien reforzada,
su onda de seis ramales
que al estirarse estallaba,
advirtiendo a las ovejas
que han llegado a la cebada.
Ya se acerca el pastorcillo
al labrador que se afana,
apretándole al arado
porque no queden lobadas.
Ya se paran las mulillas
y el ganado a la sembrada,
ya se enzarzan los dos
hablando de las zagalas.
Era una vida sencilla
oliendo a tierra mojada,
y aquel olor singular
si a las cabras te acercabas.
Todo aquello se acabó,
todo es historia pasada.
Ya no canta el labrador
trabajando en la besana.
Ya no cantan los pastores
bajando de la majada,
ya se perdió la alegría
de aquella vida pasada.
Voy a cantar a mi tierra
y al lugar donde nací,
es un trozo del planeta
muy querido para mí,
alguien le puso Caneja
plantando en él un jardín,
que cuidaban con esmero
con amor puro y sincero
del perfume de un jazmín.
¡’Ay, Caneja!. Yo te quiero
aunque esté lejos de ti;
yo también fui sembrador
de las espigas doradas
que nacían en tu jardín,
y todos tus sembradores
son hermanos para mi.
Por eso en verso os digo
que hagáis bien la labor,
y que sembréis con esmero
las semillas del amor,
así seréis los primeros
en los campos del Señor.
Hombres que trabajáis el mar,
hombres que trabajáis la tierra,
¿por qué vivís arrastrados?,
¿por qué morís de miseria?.
¿Por qué secundáís el juego
a esa raza de culebras,
que os chupan vuestra sangre
lo mismo que sanguijuelas?.
Rechazad toda ambición
por las malditas monedas.
Os basta con vuestro mar,
os basta con vuestra tierra.
Para nutrir vuestro cuerpo
tenéis la despensa abierta,
y no hacen faltas peleas,
ni el dinero, ni las guerras.
Tan sólo la voluntad
para cuidar vuestra tierra,
que es la que os da el pan,
es la que llena la cesta,
y el que no quiera cuidarla
que coma polvo de ella.
Gobernantes de la tierra
tenéis el mundo arruinado,
sois la angustia de los hombres,
sois la cuerda del ahorcado.
Sois la peste del planeta
aunque estéis muy bien lavados,
jerarquías de Satanás,
estáis muy bien adiestrados.
Vivís en grandes palacios
a costa del desgraciado,
cuando llegue su momento
tendréis que veros asados,
porque el lamento del hombre
que es en el cielo escuchado.