Culpables del mal

Érase una vez un país
que España se solía llamar;
de robos y de muertes
estaba ya «deshauciá”.

Dios muy enfadado
le mandó una enfermedad,
y el gobierno que allí había
se puso a investigar,
para poner un castigo
al culpable de aquel mal.

Hubo muchas confesiones
de estafas y de ladrones
de cuantías por billones,
que no había computadoras
que los pudiera contar.

Hasta que un día concluyeron
los miembros del tribunal,
de que eran los obreros
los culpables de aquel mal,
por no trabajar más duro
y cobrar menos jornal.

El juez sentencia y condena
a que paguen más y más,
dice que son responsables
de que España esté tan mal.

Injusticias

Odio las injusticias
de este mundo necio y loco,
de que siempre pague el pobre
los platos que nunca ha roto.

Las leyes que pone el hombre
son mierdas entre cristal,
que cuando son destapadas
apestan la humanidad.

Perdonen las expresiones
pero son las que le van,
quien es bueno en esta tierra
ya sabemos donde está
trabajando como loco
para que coman los demás.

Las gentes de altos rangos
que presumen de bondad,
son lobos bien disfrazados
que devoran sin piedad,
porque el poder en los hombres
hace muchísimo mal.

Cristo haciendo milagros
fue a la cruz a parar;
nosotros que no hacemos nada
¿a dónde nos mandaran?.
Si es bueno huir del diablo
pues del poder, mucho más.

El cuento de la política

Érase una vez un país
que a políticos jugaban,
y los animales que allí había
los pobres se lamentaban
de su ilustre democracia
y lo mal que lo pasaban.

Desde el piojo hasta la pulga
y sanguijuelas moradas,
parásitos de todos tipos
componían la ensalada
y como eran mayoría
las elecciones ganaban.

Se instalaban en sus perros
y de gratis se paseaban,
las sanguijuelas canijas
de sangre ya se explotaban,
garrapatas y langostas
con las cigarras cantaban.

Mientras que los productores,
los pobres, se tambaleaban;
los perros ya no ladraban;
de tanto que les chupaban
sólo les queda la piel
y bastante lastimada.

La pasta

¡Vaya rollo que es la pasta!
de ese dinero cabrón,
que convierte al hombre en máquina
y a la mujer en robot.

Y a los niños pequeñitos
en barquitos sin timón;
cuidados en criaderos
como se cría el arroz.

Para trasplantarlos luego
y esperar al segador,
con una conciencia ciega
sin conocer el amor.

Empiezan siendo tornillos
y terminan de motor.

Prepara el camino

Prepara amigo el camino
y alegra tu caminar
no hagas caso de los perros
que te ladren al pasar.
Tú mira siempre adelante
que tu amor sea el estandarte
de tu manera de actuar.
Aprovecha los momentos
sin hacerle a nadie mal
y así vivirás contento
viendo la vida pasar;
con la conciencia tranquila
podrás mirar hacia atrás.