Ambición del más

En toda la historia el hombre
siempre se dejó engañar,
por la actuación del demonio
que siempre utiliza el más.

Para arruinar este mundo
y no tener nunca paz;
pido a Dios que nos libere
de esa ambición del más.

El que no quiere ver

No hay ciego que sea tan ciego
que aquel que no quiere ver;
la ley de Dios es sencilla
y tan buena como Él,
pero el hombre la transforma
no haciendo las cosas bien;
¿es tan difícil la ley
para saber y entender,
que, aunque la fe sea buena,
si siembras en un camino
nunca nos podrá dar cien?.

Si das uno, Dios da ciento,
está escrito y es muy cierto;
quien no lo quiere entender
y lo interpreta al revés,
nos está dando a entender
que lo que quiere es comer
sin nada que hacer
ni por nadie, ni por él;
¿quién se encuentra excluido
de dar el uno por el cien?.

Pues no es bueno que el hombre
por no querer trabajar,
quiera vivir del cuento
a costa de los demás.

Perdona alma

Perdona, alma, a mi cuerpo
que te hace tanto sufrir;
yo soy carne, yo soy huesos,
dime ¿qué puedo ofrecerte a tí?.

Yo sé que tú me quieres,
y que estás muy dentro de mí,
no quiero que en mí estés presa,
yo también te quiero a ti.

Quiero que en mí estés contenta
aunque sea mucho pedir,
yo no quiero que tú sufras
aunque tenga que morir.

Dime aire

Dime aire, ¿tú quién eres,
que nunca jamás te ví?.
Eres fuerte y poderoso
entras y sales de mí.
El día que no lo hagas
yo dejaré de vivir.
Si la vida tú la mueves
¿quién es quien te mueve a tí?.

La mejor lección

La mejor lección del mundo
es el dolor de la carne.
Frena las ambiciones,
orgullos y vanidades.
Es una ley divina
que sana muestras maldades.