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Mujer

Si yo te doy mi agua
y tú no me das tu sed
no podrás beber mi agua
y tú morirás de sed.

Y yo moriré con mi agua
porque no me das tu sed,
porque rompes neciamente
la alianza de Yahvé,
porque rompes la cadena
la dulzura de entender
que la parte sin su todo
no podrá prevalecer.

Como el todo sin su parte
hasta que vuelva a él
no estará completo nunca
y tendrá que padecer.

El libro más grande

Yo tengo el libro más grande
que no cabe en las carteras,
que sus puntos son montañas
y sus comas son praderas,
el conjunto de sus mares
forman palabras enteras.

El sol es mi profesor
y él me enseña todo lo que quiera.
Él me señala el camino
que jamás tendrá fronteras,
el que nunca tendrá asfalto
ni nombre de carretera,
el camino que no quieren
los faltos de entedederas.

Cristo de la columna

Al Cristo de la columna
atado como un cordero,
en el pueblo de Fortuna
lo bendice el mundo entero.

Hombres sin corazón
vendidos por el dinero,
al Cristo de la columna
le cargaron un madero.

A fuerza de latigazos
varias veces cayó al suelo,
con la cara ensangrentada
y la mirada en el cielo.

Unos hombres desalmados
de corazón negro y fiero,
le iban cruzando la cara
con un látigo de acero.

Por un angosto camino
que en calvario convirtieron,
ese poder de los hombres
y ese poder del dinero.

Le están clavando los clavos
a Jesús el Nazareno,
y es la cadena que gira
por la muerte del Cordero.

Ya está clavado en la Cruz
con los ojos en el Cielo,
pidiéndole al Padre Eterno
que perdonara a su pueblo.

La tierra se estremeció
y se rasgaron los cielos,
por la culpa del poder
y de ese maldito dinero.

Sigue el mundo atormentado
y aquel Cristo del madero,
sigue atado a la columna
como si fuera un cordero.

Mira Jesús a estos hombres
que de aquellos renacieron,
lo que hicieron contigo,
igual con otros hicieron.

Porque el poder de los hombres
es verdugo de corderos,
que claman con sus lamentos
para que lleguen al cielo.

¡Ay, Cristo de la columna!
te pide perdón el pueblo,
y quiere que en su Fortuna
seas Tú lo primero.

¡Ay, Cristo de la columna!
perdona otra vez al pueblo,
y que su nombre de Fortuna
lo confirmes Tú en el cielo.

Al liceo

Liceo de Barcelona
tu conoces el complot,
sabes bien quien te ha quemado
por embolsarse un «pastón».

Construyéndote de nuevo
se forrarán un montón,
con las pieles ya maltrechas
de todo trabajador.

Porque siempre paga el mismo
los platos que otro rompió,
todo el que tiene dos pieles
es porque a otro desolló.

Sin tener piedad ninguna
sin motivo ni razón,
tan sólo por ser más débil
el cordero que el pastor.

La huelga

Después del día «27 E»
y de la noche «A»
el que tenía poco tiene menos,
y el que mucho tiene, más.

Esto siempre ha pasado
y esto siempre pasará,
mientras que el mal no se arranque
desde su raíz principal.

Todo el cardo que se roza
más rebrotes le saldrán.
Es la ley de la materia
es la ley de la verdad,
el que no quiera entenderlo,
con el tiempo lo entenderá.

¡Pobre perro abandonado!

¡Pobre perro abandonado!
que en las calles te han dejado,
sólo por falta de amor
de un caprichoso saciado.

Llorando por el camino
llevas triste el corazón,
porque te encuentras perdido
como barco sin timón.
Con rumbo desconocido
en los caminos de Dios.

¡Dios te lleve, hermano perro!
por un camino mejor,
sea cual sea tu destino,
si en él está el amor,
jamás estarás perdido.

Y quizás estés mejor
que con aquel que has querido,
siéndole fiel servidor
en todo cuanto has podido.
¡No llores, hermano perro!
por quien no te ha merecido.

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