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El camino recto
Yo no intento de poner
yo no intento de quitar,
intento recomponer
lo que pienso que está mal.
Solo quiero interpretar
las parábolas de Cristo
sin poderme equivocar;
porque, si yo emprendo un viaje
para llegar a un lugar,
si me desvío del camino
jamás podría llegar.
Y es lo que temo Señor
yo quiero en Tu Reino estar,
no en un sendero perdido
por ese engaño del más.
Yo no quiero que me des
más de lo que me das.
Espiga de amor
Yo fui germen de trigo
con raíces en la labor,
yo fui tallo de una rama
yo fui una espiga en flor.
Ya soy espiga dorada
que espera al segador,
espero que en mi partida
vaya a la era del Señor.
Yo quiero que mis semillas
sean de agrado a mi Dios,
y el día que ellas germinen
den el fruto del amor.
Defensa del legado
Quien no defiende el derecho
y el deber que Dios le ha dado,
nunca tendrá libertad
y siempre estará esclavizado.
Todo ser tiene derecho
a disfrutar del legado,
si defiende y si respeta
la ley que Dios ha dejado.
La ley está grabada
en todo cuanto ha creado,
defendiendo así el derecho
y el deber que Dios le ha dado.
¿Que espera el sembrador
que no defiende el sembrado
del cardo y la cizaña
y deja que sea pisado?.
¿Que venga un ángel del Cielo
a cuidar de sus sembrados?.
Pues eso, no lo verá
por vago y desgraciado,
y por no haber defendido
el deber encomendado;
no podrá tener cosecha
ni disfrutar del legado.
Yo soy
Soy como arbusto que nace
en medio de un matorral,
soy como gota de agua
que cae en medio del mar.
Soy una parte del todo
que no para de cambiar,
soy alegría y tristeza
entre luz y oscuridad,
el amor es mi refugio
en este mundo infernal.
Soy como un niño de pecho
aunque juegue a ser papá,
cuando me encuentro afligido
me escondo para llorar,
yo nací siendo un niño
quiero morir siendo igual.
Deseo
Quisiera ser como el aire
sin alas para volar,
lo mismo que el pensamiento
que surca tierras y mar.
Sin fronteras ni ataduras
que me puedan sujetar,
ni cerrojos ni cadenas
ni muros por escalar,
solo quiero obedecer
a mi Padre Celestial.
Desobediencia
Desobediencia en cadena
al mandato del señor,
el mismo hombre se daña
con su infame decisión,
de su codicia ciega
de esa maldición,
que nos conduce a la muerte
y nos conduce al dolor,
por desobedecer las leyes
del mismo que nos creó.