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Eres mar
Eres, mar, nuestro sustento
y reserva natural,
eres inmenso y profundo,
tienes luz y oscuridad.
En tu seno hay estrellas
y arrecifes de coral,
peces de todos colores
que se mueven sin cesar,
en busca de su alimento
y huyendo siempre del mal,
porque están en el peligro
que se los puedan tragar.
Es que la ley es así
en la tierra y en el mar,
el grande se come al chico,
y sigue la vida igual.
Ocultas bajo el mar
Voy en busca de unas piedras
que se ocultan en el mar,
se desprenden por las olas
de arrecifes de coral.
Son bonitas y graciosas
y en el centro una espiral;
las llaman piedras «Jaquecas»
porque destruyen el mal.
Arrancándolo de cuajo
y arrojándolo a su mar,
para que allí se depure
y se convierta en coral.
Rocio de la mañana
Rocío de la mañana,
agua suave y sigilosa,
que te posas en las plantas
igual que una mariposa.
Se queda adormecida
en las hojas de una rosa,
y al llegar el sol caliente
alza el vuelo silenciosa.
Aunque no te puedan ver,
tú seguirás siendo hermosa.
Sol celeste
Sol celeste en las alturas,
eres fuente natural,
eres luz del mundo entero,
mueves todo con mirar,
nada se esconde a tu vista,
tu energía es sin igual.
La vida se pararía
si dejaras de alumbrar.
Yo me atrevería a decir
que en tu bola de cristal
se encuentra el reino de Dios
con su infinita bondad.
Tan sólo con su mirada
le hace a la tierra girar.
Igual que gira la tierra,
el hombre ha de girar.
Y habrá dolor en la tierra
mientras que haya libertad,
porque somos ambiciosos
y siempre queremos más.
Es la cadena que gira,
es la cadena del mal,
porque los hombres se niegan
a tener conformidad.
Sol en las alturas
Tú eres, sol, en las alturas
la lumbrera natural,
eres luz en las tinieblas
y calientas sin cesar.
El que se cuide de ti
tiene que ser especial,
ser enviado del Padre
para poderse acercar.
Porque nosotros, los hombres,
ni te podemos mirar
límpiamente con los ojos
sin protección de un cristal.
Es que el Padre nos conoce
que no somos de fiar,
lo que el hombre toca y ve
ya lo quiere acaparar.
Dejaría el mundo a oscuras
o habría que pagar.
Así está bien dispuesto
en este reino animal,
que el que se exceda se queme
y deje sol a los demás.
Sol redondito
Sol eterno y redondito
que alumbras mi caminar,
¿quién te hizo tan calentíto,
que no te puedo mirar,
y ver lo que tienes dentro
de tu bola de cristal?.
A veces calientas tanto,
que puedes hacerme mal;
no me quemes, solecito,
porque tendría que llorar;
tú caliéntame un poquito
y ahuyenta mi oscuridad.