A Murcia
Murcia, trocito de España,
que un día me viste nacer,
y los frutos de tu tierra
son los que me hacen crecer.
Pido que nadie la manche
porque es un lindo vergel,
es un regalo del Cielo
que Dios nos puso en los piés.
Murcia, trocito de España,
que un día me viste nacer,
y los frutos de tu tierra
son los que me hacen crecer.
Pido que nadie la manche
porque es un lindo vergel,
es un regalo del Cielo
que Dios nos puso en los piés.
Voy a cantar a mi tierra
y al lugar donde nací,
es un trozo del planeta
muy querido para mí,
alguien le puso Caneja
plantando en él un jardín,
que cuidaban con esmero
con amor puro y sincero
del perfume de un jazmín.
¡’Ay, Caneja!. Yo te quiero
aunque esté lejos de ti;
yo también fui sembrador
de las espigas doradas
que nacían en tu jardín,
y todos tus sembradores
son hermanos para mi.
Por eso en verso os digo
que hagáis bien la labor,
y que sembréis con esmero
las semillas del amor,
así seréis los primeros
en los campos del Señor.